El estrés y nuestra respuesta adaptativa

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El concepto de estrés, generalmente, se ha atribuido a los elementos psicosociales. Por este motivo aparece un estado de estrés psicosocial, cuando una serie de peticiones no cotidianas o excesivas amenazan el confort o integridad de una persona. Si se ejecuta, intentamos controlar la situación aunque podemos encontrarnos desbordados, perdiendo los recursos de afrontamiento. Por consiguiente, estaría afectado e influiría en su vida cotidiana.

En el caso del estrés ambiental, una persona responde o reacciona ante una situación concreta, en la que se presenta un conjunto de variables ambientales cuya intensidad hacen que sean percibidas como dañinas para el sujeto.

En este sentido debemos mencionar el proceso que sigue al agotamiento psicológico ante un agente estresante. En un primer momento, nos alarmamos ante una posible situación de estrés y el organismo empieza a desarrollar una serie de cambios fisiológicos y psicológicos, como sin los dolores de cabeza o la ansiedad que lo condicionan para responder a la situación de estrés.

Ante ese agente estresor, el cuerpo y la mente intenta adaptarse, incesantemente, utilizando los recursos fisiológicos, cognitivos y emocionales para intentar mitigar la situación de estrés y los efectos que ello supone. Tras esto, puede ser que finalmente nos adaptemos o que no nos adaptemos y por lo tanto, presentemos un agotamiento psicológico.

En ese momento, comienzan a aparecer trastornos fisiológicos, psicológicos o psicosociales que influyen de manera directa a la adaptación de la persona al entorno y a su estabilidad psicológica.