Juana Rivas: Las cartas de su hijo desde la psicología forense

Lejos de creer o no el testimonio de los adultos, es más importante si cabe, escuchar a los menores. En muchas ocasiones, estos menores pueden explicar y desarrollar sus emociones y pensamientos de la manera más humana y con gran sensibilidad.

Las supuestas cartas del hijo de Juana Rivas, son sin lugar a dudas, el último recurso que percibe el menor para poder expresar lo que está vivenciando, pues se presupone que ya ha agotado todos sus otros recursos. En este sentido, podemos presuponer que las señales de alerta, que expresan todos los menores en esas circunstancias, han sido obviadas.

En general, el niño maltratado no tiene un desarrollo óptimo en su crecimiento y evolución psíquica. Asimismo, las consecuencias que sobrevienen a un menor maltratado dependen de muchas variables que debemos tener en cuenta, como son: el tipo de maltrato, la frecuencia del maltrato y su intensidad y prolongación en el tiempo, vínculo con el agresor, la presencia de violencia física, el apoyo que reciba el niño de sus seres más cercanos, las características del niño y la atención médica y psicológica que reciba.

En cuanto a las posibles afectaciones de un menor, que sufre lo que ha expuesto el hijo de Juana Rivas en sus cartas, debemos mencionar que en ocasiones logran superar los efectos físicos y psicológicos, especialmente los menores que mantienen una buena adaptación y un adecuado afrontamiento de situaciones. Muchos otros menores, sufren problemas físicos, emocionales o psicológicos, como consecuencia del maltrato.

Los daños que padecen habitualmente, vinculados con problemas físicos son entre otros, problemas por déficit de atención, consumo de sustancias ilegales, discapacidad por agresiones que hayan sido permanentes y complicaciones en el aprendizaje. A su vez, el menor podría externalizar problemas en el comportamiento, presentando agresividad e ira desproporcionada y no controlada, baja autoestima lo que supone un posible daño hacia sí mismo, pudiendo autolesionarse, desconfianza y, por ello, aislamiento de su grupo de iguales, comportamientos disfuncionales como comportamientos sexuales peligrosos, conflictividad en el centro escolar y de rendimiento, falta de habilidades sociales y carencias en la asertividad social, además de poca afectividad lo que originará un aislamiento.

La realidad es que todas las posibles consecuencias están concatenadas, pues si se percibe consecuencias comportamentales, de manera inexorable existirán problemas emocionales, no sintiendo un apoyo emocional de ninguna persona, tendencia al rechazo de las relaciones interpersonales, gran frustración e incapacidad para afrontar el estrés de manera normalizada. Además, pueden generar la creencia errónea de que las relaciones deben basarse en la violencia, considerando que haciendo uso de ella se consigue cuanto uno se proponga.

La consecución de todos estos problemas emocionales, podrá dar lugar a Trastornos de personalidad, trastornos depresivos o ansiosos, trastornos de la alimentación, trastornos de vínculo y trastorno de estrés postraumático.

Por otro lado, las consecuencias relatadas pueden tener un corto, medio o largo recorrido y por lo tanto, generarle unas consecuencias permanentes, en su personalidad, desarrollando una patología que no cicatrizará.