La telaraña de una Secta

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¿Te has preguntado alguna vez sobre la fuerza de la captación de personas a ciertos grupos sociales? Seguramente tu respuesta es sí, por ello vamos a comenzar haciendo una distinción muy importante entre afiliación y captación.

En un proceso de afiliación, la iniciativa parte de la persona que libre y voluntariamente se aproxima al grupo con interés de pertenecer a él. Sin embargo, en un proceso de captación, la iniciativa y el interés surgen del propio grupo, el cual pone en marcha una serie de mecanismos para lograr incorporar al sujeto a su núcleo.

Si como característica principal se lleva a cabo la persuasión coercitiva, están intentando imponerse a la persona, conducir y delimitar su capacidad de hacer. Con esto queremos decir que, la persona no tomaría decisiones de forma libre y personal, sino que llevará a cabo una aceptación pasiva de lo que se le preponga como decisión.

Pero, ¿qué tiene de atractivo una secta? Muchos son los elementos que dan a conocer como bases del grupo y que, en nuestra sociedad valoramos como positivos, como son:

  • Un grupo con un objetivo común. El grupo nos permite asumir una serie de características de identidad nuevas, un nuevo entorno “familiar”. Todo esto tiene como consecuencia que creemos una sensación de protagonismo de un proyecto de vida que en definitiva, no es real.
  • El altruismo, la intensificación de cada emoción. Cada miembro del grupo mantiene la esperanza de encontrar una respuesta positiva en ese mismo círculo y mantiene esas expectativas.
  • El alcance de la felicidad plena. En su mayoría, las sectas usan el objetivo de “salvación” como instrumento de movilización de personas.

Estos elementos van parejo de la imagen que reciben de las sectas en los primeros contactos. Entre las características principales distinguimos, la felicidad que muestran, el estilo de vida tan deslumbrante, la fortaleza, la implicación para con las personas y un grupo sin problemas personales.

No debemos olvidar que esta imagen, no es más que una careta que cuando nos queramos dar cuenta, ya será tarde y podríamos caer en la telaraña que forman.

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