¿Podemos cambiar la medicación por el cine, el arte o la cultura?

arte cine

Parece que estamos hablando de una locura, pero no lo es tanto. Recientemente, se ha publicado un estudio de la OMS, en el cual queda comprobado que ciertas actividades culturales, como el teatro, el cine, la música, el canto, los museos o la lectura, mejoran nuestra salud mental.

Esto, ya se ha estudiado mucho antes, fuera de nuestro país, es más, en Noruega, hace años que se utilizan las actividades culturales en terapias médicas. En Reino Unido, se lleva a cabo una fórmula, llamada Social Prescribing, que indica que los doctores comenzaran a recomendar a sus pacientes, arte y cultura, en lugar de ibuprofeno.

La participación en actividades culturales, alarga la vida y genera en nuestro organismo la liberación de neurotransmisores como la dopamina o las endorfinas, responsables de la felicidad. Estos, generan en nosotros sensación de bienestar, relajación, alegría y empoderamiento. Dicha participación puede ser de dos maneras:

  • Actividades creativas: son actividades artísticas en las que nosotros vamos a hacer o a construir algo, por ejemplo, pintar, tocar el piano, ir a clases de baile, etc.
  • Actividades Receptivas: son aquellas en las que nosotros, de manera pasiva, observamos las obras de otros, por ejemplo, los museos, el cine, los libros o la música.

Ambos tipos de participación, genera en nosotros sentimientos positivos; esto es así, porque cada vez que dedicamos parte de nuestro tiempo a alguna actividad, estamos dejando a un lado nuestras obligaciones diarias o nuestras preocupaciones y rutinas, para centrarnos en la historia de otros protagonistas, externa a nosotros, la cual nos hace participes de manera emocional y nos obliga a mantener nuestra atención en ellos y no en nuestros pensamientos.

De todo el abanico de actividades culturales que existe, cada una de ella tiene unos beneficios más acentuados que otros; por ejemplo, está demostrado que los niños que leen un cuento o que se lo leen antes de ir a dormir, o que dedican una parte de su tiempo a pintar o hacer manualidades, mejoran su capacidad de atención y concentración. Los pequeños que tocan el piano, por ejemplo, o algún instrumento musical, mejoran su memoria; los que acuden a clase de baile, mejoran su estado de ánimo, conectan con ellos mismos a través de la expresión corporal y previenen el envejecimiento cerebral.

Cada vez son más frecuentes con los niños, las terapias artísticas, como musicoterapia, arteterapia o danzaterapia. Todas ellas, han demostrado tener beneficios a corto, medio y largo plazo.